martes, 4 de abril de 2017

ARQUITECTURA BARROCA FRANCESA



En los inicios del siglo XVII, durante el reinado de Enrique IV (1589-1610) la preocupación de la monarquía fue la reconstrucción de las ciudades, asoladas por las guerras de religión y civiles entre católicos y hugonotes y que rematan cuando Enrique IV se convierte al catolicismo (“París bien vale una misa”) en 1593.
París debe recuperarse como capital indiscutible y ser el lugar que ofrezca a nobleza y burguesía mayor seguridad que la antigua ciudad medieval.
 Con formas simples y elegantes, surgen grandes plazas en torno a las cuales se disponen viviendas particulares: Plaza de los Vosgos (1605), Plaza del delfín (1607), Place Vendôme, todas con una clara simbología absolutista.
Tomando como modelo la Plaza de los Vosgos, todas las viviendas tienen fachadas uniformes, configurando una amplia plaza de planta cuadrada presidida por la efigie del rey. Este modelo se extiende a todas las ciudades francesas.
En la ciudad se abren anchas avenidas radiales, convergentes hacia las plazas.
Con Luis XIII y el cardenal Richelieu se consolida la monarquía absolutista francesa y parís, con la mejora de la economía, se llena de obras de Lemercier y Mansart, los grandes arquitectos que reinterpretan el barroco italiano y crean “hoteles” o viviendas y elegantes palacetes con jardines.
Jacques Lemercier (1585-1654) se formó en Roma. Luis XIII le encargó la ampliación del Louvre. Lemercier fue el arquitecto que mejor asimiló las formas del barroco italiano, sobre todo siguiendo el modelo del Gesú de Roma. En 1636-1642 realiza la Iglesia de la Sorbona de París, inspirada en los modelos romanos, con fachada dispuesta en dos órdenes superpuestos y planta con una magnífica cúpula central.
Place Vêndome
Su prestigio le convirtió en arquitecto de moda.
François Mansart (1598-1666), arquitecto fecundo, realiza proyectos importantes como el Castillo de Blois para el hermano del rey o el de Maissons-Laffitte.
Con la llegada al poder de Luis XIV en 1661, el deseo de dotar de grandiosidad a la arquitectura francesa lleva a fundas numerosas academias de Artes. La expresión del Absolutismo se consigue en arquitectura con modelos lógicos, claros y monumentales, pero sin excesos. Este “clasicismo francés “oficialista es una forma más del barroco.
Plaza de los Vosgos
Jules Hardouin-Mansart , protegido del ministro Colbert , es nombrado arquitecto real en 1675. Sus obras más importantes son las Place Vendôme y la de las Victorias en París y la iglesia de los Inválidos o la Capilla de Versalles.
La Iglesia de los Inválidos presenta planta de cruz griega con capillas circulares en las esquinas, que comunican por estrechas aberturas con el cuerpo central. El altar mayor es una variante del baldaquino de Bernini. El exterior, más clásico, desarrolla la verticalidad y está dominado por la grandiosa cúpula.
En Versalles se convirtió en el principal arquitecto y además de en la capilla o en el edificio principal, participó en la construcción del Grand Trianon.
El barroco italiano fue rechazado en Francia, al igual que los tres proyectos de Bernini para la reforma del Louvre. Perrault en cambio desarrolla un proyecto de marcado aspecto clasicista, con un cuerpo alto de columnas pareadas, en contraste con los ricos interiores.



Iglesia de los Inválidos

Maissons Laffite



Louvre, fachada de Perrault

EL BARROCO CORTESANO FRANCÉS: VERSALLES

Frente al Barroco italiano y español que son esencialmente religiosos, el francés será sobre todo cortesano, es decir, impulsado por los reyes y su gobierno. De esta manera reflejan su poderío y su influencia sobre las gentes basándose en el hecho de que gobernaban por derecho divino.

En este sentido el monarca que más se distinguió fue Luis XIV que incluso llamó a Bernini para que colaborara con el gran proyecto de construcción del palacio de la corte, proyecto que nunca se llegó a realizar aunque sí otro totalmente distinto que se iba a convertir en el símbolo de su inmenso poder: Versalles, construido entre 1660 y 1680 en proporciones gigantescas y enmarcado por un extraordinario jardín lleno de árboles, terrazas, estanques de varios kilómetros cuadrados de extensión.
Su barroquismo está más en las proporciones que en los detalles ornamentales,pero con todo es el símbolo del Barroco francés. En tiempos de Luis XIII era un pabellón de caza pero Luis XIV vio en el lugar el más apropiado para plasmar su absolutismo y con la idea de construir algo que dominara la naturaleza. Llama a Louis Le Vau que construye el bloque central en forma de U y con elementos tan clásicos como el almohadillado en la base, columnas jónicas en el medio y pilastras y otros motivos decorativos secundarios que son los que rompen la monotonía de una fachada que por ser tan amplia con formas clásicas quedaría demasiado austera.
Algo más tarde Hardouin-Mansart prolongó la fachada con dos alas que forman un ángulo recto: la de la izquierda para los príncipes y la derecha para los despachos. Hardouin- Mansart además añade a la fachada principal la balaustrada con florones y estatuas que aún conserva hoy.


Las habitaciones reales están en pleno eje central del conjunto, siguiendo la simbología centralista de la monarquía francesa.
La Capilla, construida por Hardouin-Mansart, es independiente del palacio. Lleva una tribuna con columnas destinada a que el monarca siguiera desde aquí los oficios religiosos. Aunque muy lejos de ser medieval, su estructura y distribución se inspira en las iglesias de este período.


El conjunto más impresionante de palacio es el llamado gran apartamento que comprende ocho salones, cada uno decorado con una iconografía diferente siempre con la misma idea de resaltar la monarquía absoluta. La mayoría de estos salones fueron decorados por un gran equipo de arquitectos, escultores y pintores dirigidos por Le Brun. Es Le Brun el que realiza el Salón de los Espejos (1678), en el primer piso en el centro de la fachada que mira al parque; el jardín entra por las ventanas y se refleja en los espejos que cada una de ellas tiene enfrente. Arquitectura y paisaje se funden en un espectáculo sin precedentes de impresionantes juegos lumínicos.

Salón de los Espejos y todo el conjunto de Versalles hacen alusión al Sol por ser éste un símbolo de la monarquía absoluta de Luis XIV. Es un pequeño universo cuyo centro estaría situado en el parque, en la Gruta de Tetis. Allí el Sol descansaría después de haber dado la vuelta la Tierra y esto quedaría plasmado en un grupo escultórico hecho por Girardon. La idea y trazado del magnífico jardín se debe al diseñador de jardines Le Notre que también diseñó el de Hampton Court en Inglaterra o el de la Villa Doria Pamphili en Roma entre otros. Es un jardín de trazados regulares, en plazas con terrazas con surtidores y parterres geométricos que parecen extenderse infinitamente.
Todo el conjunto causó gran impacto en Europa y cada príncipe o rey deseó tener su propio Versalles lo que provocó la transformación de ciudades y paisajes.

miércoles, 22 de marzo de 2017

PINTURA BARROCA ITALIANA




La pintura italiana va a ser la primera en interesarse claramente por la luz como elemento pictórico y también va a ser difusora de las ideas católicas reforzadas por el Concilio de Trento dentro del programa de la Contrarreforma.
Aquí podemos encontrar dos corrientes principales: el realismo de Caravaggio y el eclecticismo clasicista de Annibale Carracci. A pesar de ser dos movimientos aparentemente opuestos tienen en común la búsqueda de los medios visuales y la naturaleza óptica de su pintura.
Michelangelo Merisi (1571-1610) llamado el Caravaggio, comienza en Roma su actividad artística en torno a 1592. Ésta presenta unas características tan opuestas a las de la pintura de su época que muy pronto va a ocasionar una gran polémica.

En sus primeras obras deja claro que lo primordial para él es la representación de la realidad, sin sistemas preconcebidos de representación. Caravaggio intenta así acercar al creyente al hecho religioso de forma natural. Los tipos humanos representados por él son hombres y mujeres corrientes encuadrados en escenas cotidianas. En sus primeras obras vemos plasmada esta pronta aspiración suya como en la Magdalena penitente, una joven y llorosa aldeana enmarcada en una sencilla habitación de la que apenas tenemos alguna referencia. Gusta de los motivos humildes e inclusos de la fealdad y la pobreza.


Su carácter irascible le llevó a la cárcel en repetidas ocasiones. Desdeñaba los modelos clásicos y alegaba que la naturaleza le proporcionaba infinitos maestros. Sus obras religiosas, con aspecto de escenas populares, resultaron escandalosas e irreverentes.

Caravaggio va a evitar la profundidad en su pintura y la perspectiva y se concentra en sus figuras que bañadas por una potente luz, resaltan con una poderosa energía sobre el fondo oscuro. A esta forma de captar las luces con fuertes contrastes de luces y sombras (claroscuros) se la conoce como tenebrismo y Caravaggio fue su creador y gran maestro.

A menudo la sensación de profundidad viene dada por violentos escorzos en las figuras, situadas a su vez en composiciones forzadas con puntos de vista hasta ahora inusuales por su audacia. Sus contornos se marcan nítidamente diferenciando a Caravaggio de otros pintores barrocos como Rembrandt o Velázquez.
Sus primeras obras presentan una paleta más clara y un estilo aún no definido como en La Buenaventura o en Baco. Aunque en estas obras no encontramos aún el tenebrismo hay una marcada tendencia al claroscuro. 

En el Baco enfermo, posible autorretrato, o en Joven con cesta de frutas podemos observar ya la afición de Caravaggio a introducir objetos cotidianos con un realismo casi fotográfico en un claro precedente de un nuevo género pictórico: el bodegón. Pinturas como La cena de Emaús o El amor victorioso demuestran su gusto por la pintura de género.


El descanso en la Huida a Egipto es una escena en un paisaje donde, a pesar de que el realismo no sea tan acusado, incluso lleno de colorido y lirismo, vemos claramente la distancia con el Renacimiento que ha quedado atrás.


Su viaje a Roma significó un cambio en su pintura: su luz se vuelve más oscura y se concentra en rostros y manos dejando amplias zonas del cuadro sumidas en plena oscuridad. Llegamos al pleno tenebrismo.
En esta etapa pinta La vocación de San Mateo en la iglesia de San Luis de los Franceses, tema religioso aunque el espectador no lo capte a primera vista: parece una imple escena de taberna con personajes vestidos a la moda de entonces alrededor de una mesa de juego. Tratada como una escena costumbrista, pretende acercar la religión al creyente. La composición resulta bastante estática, marcando una línea horizontal.
 El grupo principal se halla fuertemente iluminado y unido al grupo de la derecha por el brazo de Cristo y el fondo totalmente neutro. Pero lo importante en la escena es el papel que juega en ella la luz: la escena está iluminada por dos focos exteriores, que procedentes de la derecha, no distribuyen la luz de forma uniforme si no en manchas, acusándose mucho los contrastes con la sombra. Esta forma de tratar la luz tiene un doble objetivo: por un lado consigue realzar las figuras, haciendo evidentes y expresivos sus gestos y los objetos, dejando oscurecido lo secundario de la escena; por otro lado ayuda a dramatizar el contenido del cuadro, con Cristo y Pedro llega un haz de luz en diagonal, elemento barroco, que a la vez es luz y gracia divina y que se proyecta especialmente sobre Mateo al que va a convertir. En la misma iglesia romana encontramos La inspiración de San Mateo y El martirio de San Mateo.

De características parecidas son los lienzos de la iglesia de Santa María del Poppolo: La crucifixión de San Pedro y la Conversión de San Pablo en el camino a Damasco. Aunque ambas se desarrollan al aire libre, tienen evidentes recursos tenebristas, cuidando mucho el detalle con afán de acercar al espectador al tema religioso. Coloca personajes en violentos escorzos y recoge detalles de naturalismo exacerbado.


Tanto en estas últimas obras como en El entierro de Cristo escoge para la composición un momento poco usual y difícil, en su afán de plasmar lo fugitivo, algo muy típico del Barroco. En El entierro de Cristo los personajes muestran los sentimientos ante la muerte con diversas reacciones. Los colores cálidos, contrastando con el espacio en la oscuridad, resaltan monumentalmente las figuras especialmente la anatomía de Cristo, inspirado en Migue Ángel. El punto de vista bajo sitúa al espectador con el espacio de la fosa, rompiendo así las barreras entre el cuadro y la realidad, como había hecho también El Greco.

En su etapa romana pinta también La duda de Santo Tomás.

Para su obra La muerte de la Virgen (1605-1610) escoge como modelo a una mujer ahogada en el Tíber. Este hecho provocó un escándalo y supuso el rechazo de la obra, no por el comitente si no por los monjes a quien iba dirigida,  y también del autor, que huye  de Roma tras un asesinato Refleja con todo lujo de detalles a la mujer ahogada con el vientre hinchado y el rostro abotargado. Los demás personajes son apóstoles y María Magdalena que solloza junto al cuerpo de la Virgen. El claroscuro es brusco, iluminando las partes expresivas, la luz estructura la composición, entrando en diagonal y reforzando esa diagonal por la cortina roja.


En Nápoles, a donde huyó, su fama y sus obras dieron lugar a una escuela pictórica en la que destacó el español José Ribera. Aquí  pintó obras como La flagelación de Cristo o El martirio de San Andrés o Adolfo de Wignacourt. En ellos se intensifican los contrastes lumínicos y conjuga un realismo monumental con suavidad en los tonos para aumentar el dramatismo.
Su arte creó escuela no solo entre italianos si no europeos y españoles.

A la vez que el realismo de Caravaggio surge otra tendencia que recoge la tradición renacentista y que se ha denominado Eclecticismo clasicista. En Bolonia, ciudad culta y universitaria, con una burguesía que prefiere una belleza intelectualizada e idealizada, surge la Academia degli Incamminati o de los Encaminados (encaminados de alcanzar la perfección ) como centro de formación pictórica. Creada por los hermanos Agostino y Annibale Carracci, la academia se convierte en una importante centro cultural, artístico y científico.
Annibale Carracci (1560-1609)
En eclecticismo pictórico , que busca gracia, fuerza muscular, tiene en Miguel Ángel, Rafael o Tiziano  sus mejores ejemplos a seguir y en Annibale Carracci su principal representante.
Carracci trabajó en escenas religiosas pero es llamado a Roma por el cardenal Odoardo Farnese para decorar su palacio. En la gran galería del palacio Farnese desarrolla un programa iconográfico, que significa de un modo didáctico cómo la embriaguez engendra deseos impuros contrapuestos al amor divino. Como triunfo de éste, preside Baco, que produce en Ariadna un estado contemplativo y a sus lados aparecen el amor humano, activo y el voluptuoso o bestial.
El tema mitológico y su carga didáctica son el pretexto para realizar de forma sensual y lleno de alegría un canto a las excelencias de la voluptuosidad.

Sus últimas obras, especialmente La huida a Egipto y El entierro de Cristo en la Capilla Aldobrandini suponen el principio del paisaje barroco clasicista, que ordena de una forma racional los elementos de la realidad.
Seguidor de Carracci fue Gui

do Reni, que incorpora a su pintura unas luces con claroscuros influenciadas por Caravaggio : Hipomenes y Atalanta.

La corriente clasicista enlazó con el Neoclasicismo ya en el siglo XVIII.
Hay una tercera corriente que el el barroco triunfal y decorativo que crea una escenografía teatral en la arquitectura, creando efectos ilusionistas.
En frescos de paredes y cúpulas, en los que la luz natural y los colores claros aumentan la luminosidad, los cielos abiertos, las nubes y las arquitecturas fingidas con múltiples escorzos , representan la apoteosis celeste o terrenal.
Su representante es Pietro da Cortona (1596-1669) y su obra más significativa es la decoración del Palacio Barberini.


También destacan pintores como Gaulli que pinta los techos de la nave principal del Gesú y Andrea Pozzo , con la Iglesia con la cúpula de San Ignacio en Roma.
A finales de siglo aparece Lucca Giordano, que resume toda la experiencia de la pintura decorativa de techos del siglo XVII y pinta espectaculares composiciones para iglesias y palacios. Sus viajes por Europa le llevaron a pintar los frescos de la iglesia de San Lorenzo del Escorial, la sacristía de la Catedral de Toledo y del casón del Buen Retiro.

Iglesia del escorial

lunes, 23 de enero de 2017

ITINERARIO POR SEGOVIA, MADRID, TOLEDO Y EL ESCORIAL


VIAJE A MADRID
Día 1
SEGOVIA
Visitas: Plaza del Zoco, Acueducto, Plaza Mayor, Catedral, Alcázar, judería
La Granja de San Ildefonso

Se cree que su topónimo pueda ser de origen celtíbero. Poblada desde la Prehistoria fue ocupada por romanos y luego por visigodos. En época islámica fue abandonada pero hacia el 1088 tras la reconquista de Toledo por Alfonso VI , comienza su repoblación.
Al estar ubicada en las rutas de la trashumancia, creció durante la Edad Media gracias al comercio de la lana. El final de la Edad Media fue su época de esplendor. Alfonso X el Sabio escogió el Alcázar como residencia Real y a partir de este momento fue sede habitual de la corte de los Trastámara. Aquí fue coronada reina Isabel la Católica en 1474. Segovia desarrolló una intensa actividad en el comercio y manufacturación de textiles y eso fue la causa de su prosperidad durante los siglos XV y XVI y de que se desarrollara una espléndida arquitectura gótica. En 1520 Segovia fue escenario de la sublevación de las Comunidades.

A partir del siglo XVII , como el resto de las ciudades castellanas, Segovia entró en decadencia y hasta Carlos III no hubo ningún intento de recuperación. Fue precisamente en el siglo XVIII cuando el citado monarca establece una Real Manufactura de lana aunque obtuvo escaso éxito.
Segovia fue declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Al pie de la Sierra de Guadarrama se alza entre los ríos Eresma y Clamores.
El punto de partida de la visita es la Plaza de Azoguejo o el antiguo zoco, antaño escenario de mercaderes y pícaros y al que se hace referencia en El Buscón de Quevedo. Esta plaza está presidida por el magnífico acueducto.
El Acueducto segoviano es una construcción romana de época imperial, siglo I . Portaba agua desde la sierra de Guadarrama , a 18 kilómetros , la ciudad de Segovia. En la vaguada que ocupa la plaza el Azoguejo  llega a alcanzar 28 metros de altura y su arquería 780 metros de largo. Está construido en sillares de granito, la piedra más abundante en la Sierra. Posee doble arquería, 44 arcos en la parte inferior ,todos de la misma altura y 119 arcos en la superior que varían de altura adaptándose al desnivel del terreno. Tienen una luz (ancho de un arco) de 4,5 metros. El acueducto destaca por su esbeltez y sus equilibradas proporciones y la línea de imposta le confiere continuidad a la construcción. Como buen ejemplo de ingeniería romana, fue tan bien calculado que sus sillares van unidos “a secco”, es decir, sin argamasa y así se han mantenido desde época imperial hasta hoy.

Continuando nuestra visita por la Calle Real encontramos diversos edificios de época gótica como la Casa de los Picos, actualmente escuela de Artes Aplicadas. En la Plaza del Corpus Christi encontramos una iglesia que en su día fue la sinagoga mayor de Segovia.


Continuando el paseo llegamos a la Plaza Mayor, donde fue proclamada reina Isabel la Católica. La plaza está presidida por la catedral de Santa María, que fue la última catedral gótica construida en España. La catedral anterior fue destruida en la Revuelta de las Comunidades de Castilla en 1520 . En la nueva trabajaron Juan y Rodrigo Gil de Hontañón
                     
Al final de la calle nos encontramos el imponente Alcázar situado sobre una roca entre los ríos Eresma y Clamores. Fue Palacio Real desde 1122 y una de las residencias favoritas de los Reyes de Castilla. Está edificado en la transición del románico al Gótico y sus salones cuentan con decoración de estilo mudéjar..
Es probable que la fortificación existiese ya en tiempos de la dominación romana, pues se han encontrado sillares de granito análogos a los del Acueducto.
Hacia 1120, sobre el extremo occidental de la roca en que se asienta la ciudad, se edificó un barrio al servicio de los canónigos de la catedral de Santa María, conocido como “las Canonjías”. En el acta de donación de los terrenos por el Concejo al Obispo es donde se menciona, por primera vez, a nuestra fortaleza, más exactamente al “vallum oppidi”, o empalizada, que defendía a la ciudad por el lado oriental.
Pocos años después, entre 1124 y 1139, se registran en la documentación las palabras “castillo de Segovia” y “Alcaçar”, término éste que alude a su condición de fortaleza y residencia regia y que llegará hasta nuestros días.
El rey Alfonso X “el Sabio” convocó Cortes en 1256, las primeras que tuvieron lugar en el Alcázar.
LA JUDERÍA
Bajando de vuelta por el lado Sur, desde el Alcázar, podemos atravesar la judería.
Las primeras referencias al asentamiento de judíos en Segovia son del siglo XIII. Al principio estaban repartidos por toda la ciudad. Su importante comunidad no provocó ni enfrentamientos ni tensiones ni siquiera en los progromos de 1391. Se dedicaban a las finanzas, al comercio y a todo tipo de oficios artesanales.
Sin embargo en el siglo XV fueron acusados de profanamiento y como consecuencia su sinagoga mayor fue confiscada. Las leyes de Ayllón de Juan II obligaron los judíos a vivir segregados del resto de vecinos y fueron relegados a esta zona de la ciudad. Estas medidas segregacionistas se agravan con los Reyes Católicos y en 1492 se culmina esta política antisemita con la expulsión de los judíos de la Península .
La judería de Segovia es de las más importantes del país y podemos visitar restos  diversos. Se puede acceder a ella por la Puerta de San Andrés, puerta de las murallas segovianas.
Sinagoga del Corpus Christi

LA GRANJA  DE SAN ILDEFONSO: PALACIO REAL
Felipe V , nieto del Rey Sol, Luis XIV de Francia, vino a ocupar el trono español tras la guerra de sucesión a principios del siglo XVIII.
Su carácter melancólico y depresivo le llevó a abdicar en 1724 en su hijo Luis I, que murió al cabo de unos meses, teniendo que volver a retomar su papel de soberano. Tras la muerte del hijo, sus períodos de depresión fueron cada vez más intensos. Para retirarse  había construido este retiro, el palacio Real de La Granja de Valsaín, a imitación de su añorado Versalles natal, pero al ceñirse la corona de nuevo no le fue posible. Este mismo lugar ya había sido frecuentado por diversos monarcas como Carlos V y Felipe II como lugar de caza.
El palacio tiene un marcado carácter italiano, dentro de su estilo clasicista. Encargó las obras a Theodoro Ardemans y los jardines a René Carlier. En 1736 le encarga a Filippo Juvara la nueva fachada en eje al jardín, terminada por Gianbattista Sacchetti.
La colegiata de La Granja fue construida por Ardemans y decorada por Sabattini bajo el reinado de Carlos III.
Los jardines, cos sus parterres y sus fuentes decoradas con esculturas, constituyen uno de los mejores ejemplos europeas de arquitectura palaciega.

El reinado de Felipe V fue el más largo de la historia de España, 45 años.




VISITA A MADRID día 2
Antes del Museo del Prado visitaremos el Madrid de los Austrias
En el siglo XVI, la dinastía de los Austrias decidió trasladar la corte imperial a Madrid. El rey Felipe II inicia las primeras obras, pero será su hijo Felipe III el que promueva un desarrollo urbanístico propio de la nueva capital. A pesar de los cambios y del paso del tiempo, en el centro histórico de Madrid aún se conservan las huellas arquitectónicas de aquella época.

El llamado barrio de los Austrias, en el centro de Madrid, es la zona donde se encuentran muchos lugares y monumentos construidos durante los siglos XVI y XVII, cuando la capital de España era la sede de la corte de los Austrias. Sus calles estrechas e irregulares, descubren edificios de arquitectura sobria y austera, acorde al carácter de aquellos monarcas. Pasear es la mejor forma de conocer esta parte de la ciudad, con sus numerosos comercios y tabernas tradicionales. La ruta que proponemos se puede realizar a pie, en una mañana o en una tarde.  



Comenzamos en la Plaza Mayor, escenario habitual de todo tipo de acontecimientos en la época: mercados, corridas de toros, espectáculos populares, autos de fe… En el centro espera la estatua ecuestre de Felipe III, el rey que encargó su construcción para terminar de remodelar el espacio ocupado por la antigua plaza del Arrabal. Su actual aspecto se debe a la reforma realizada por Juan de Villanueva, tras el incendio sufrido en 1790.

Del fuego se salvó la Casa de la Panadería, cuya fachada luce pinturas al fresco que representan motivos mitológicos, florales y personajes de la historia de Madrid. Enfrente vemos la Casa de la Carnicería, que fue almacén de carnes y hoy alberga oficinas municipales. 

En los soportales de ese lado se abre el famoso Arco de Cuchilleros. También las entradas a la plaza por las que continuamos el itinerario en dirección al Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores o antigua cárcel de la Villa , en la Plaza de la Provincia. Situado en la vecina Plaza de la Provincia, se edificó bajo el reinado de Felipe IV para ser la cárcel de corte.



Seguimos luego por la calle Imperial hasta la calle Toledo. Bajando por ella, llegamos a la Real Colegiata de San Isidro, templo que empezó a construirse en 1622, anexo al prestigioso Colegio Imperial creado a principios del siglo XVII. Este centro es, actualmente, un Instituto de Enseñanza Secundaria.

Paralelas a la calle Toledo encontramos vías como la Cava Baja, por la que podemos subir a la Plaza de Puerta Cerrada. Este punto enlaza con la calle Cuchilleros, donde localizamos el popular mesón Restaurante Botín que, según el libro Guiness, es el restaurante más antiguo del mundo. Fue fundado en 1725. Tomando la calle Maestro Villa alcanzamos la Plaza del Conde de Miranda. Es donde se sitúa el Convento de Corpus Christi, de comienzos del siglo XVII, conocido popularmente como las Carboneras. La iglesia apenas ha sufrido cambios desde entonces; además, se pueden adquirir dulces artesanos hechos por las monjas.   

La próxima parada es la Plaza de la Villa: podemos llegar subiendo hasta la calle Mayor, pasando por el renovado Mercado de San Miguel; o siguiendo la sinuosa calle del Codo. Nos recibe la estatua del almirante Álvaro de Bazán, rodeada del estilo mudéjar, plateresco y barroco que ostentan los edificios de su entorno: la Casa Torre de los Lujanes (siglo XV), la Casa Cisneros (siglo XVI) y la Casa de la Villa (siglo XVII) de 1692, de Gómez de Mora, que fue ayuntamiento hasta 2008.


Retomamos el camino por la calle Mayor hasta la calle Bailén, que subimos en dirección a la Plaza de Oriente. Veremos la Catedral de la Almudena y el Palacio Real, levantados en el mismo lugar donde se situaba el Alcázar, la imponente residencia real que desapareció pasto de las llamas en 1737. Giramos en la calle de San Quintín para buscar el final de nuestra ruta, el Real Monasterio de la Encarnación, que fue la primera obra barroca de la ciudad.  Fundado en 1611, conserva una importante colección de obras de arte.

Su construcción sigue el proyecto de Gómez de Mora (1644): edificación sobria, con gran zócalo de granito y muros de ladrillo, rematada por torres chapiteles apizarradas en las esquinas y sin apenas decoración en su origen, salvo la ornamentación con frontones triangulares de piedra en los balcones del piso
principal.

Madrid de los Borbones

El Palacio Real, en la calle de Bailén, se levanta en el privilegiado lugar en el que estuvo la fortaleza árabe que, en el siglo IX, fue el origen de «Magerit». Cuando Alfonso VI conquista la ciudad, dos siglos más tarde, el primitivo castillo musulmán se convierte en el Alcázar de los reyes cristianos que, a lo largo de los siglos, lo van sometiendo a sucesivas reformas.
Bajo el mandato de los Austrias la antigua fortaleza llegó a adquirir el aspecto de una auténtica residencia palaciega, hasta que en 1734 sufre un incendio devastador que la reduce prácticamente a ruinas. Es entonces cuando Felipe V encarga a Filippo Juvara levantar un nuevo palacio en el mismo emplazamiento, aunque finalmente es su discípulo, Juan Bautista Sachetti, el que realiza los planos definitivos, con la colaboración de Ventura Rodríguez, a quien se debe la majestuosa Capilla Real.
Las obras comenzaron en 1736 y se prolongaron hasta 1764. De trazado cuadrangular, el palacio se organiza en torno a un gran patio central, siguiendo el esquema de los antiguos alcázares, mientras que las fachadas, en las que se empleó granito, piedra blanca de Colmenar y mármol para relieves y detalles, están inspiradas en las que realizó Bernini para el Louvre en 1665. 
Las plantas son tres, nobles, y cuatro entreplantas, debajo y encima de cada una de las principales.Las fachadas del palacio miden 130 metros de lado por 33 de alto; 870 ventanas y 240 balcones se abren a fachadas y patio. La superficie asciende a 100.000 metros cuadrados, y cuenta con 44 escaleras y más de 30 salones principales.
Durante el reinado de Carlos III, primer rey que se instaló en el palacio, en 1764, Francisco Sabatini amplió el ala que da a la calle de Bailén y construyó las caballerizas y la escalera imperial. Al tiempo, el monarca llamó a los más famosos pintores europeos para decorar el interior y, así, en distintas dependencias se pueden contemplar frescos de Rafael Mengs, Juan Bautista Tiépolo y Conrado Giaquinto. Posteriormente trabajaron en el Palacio Real Antonio González Velázquez y Francisco Bayeu, entre otros. Tras Carlos III residieron en el Palacio Real Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII.

El palacio de los duques de Santoña, antigua sede de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, está situado en la calle de Huertas esquina a la calle del Príncipe. El edificio fue construido entre los años 1730 y 1734 siguiendo las trazas del arquitecto Pedro de Ribera. Es uno de los mejores ejemplos del barroco madrileño y su traza responde a la tipología usualmente empleada por el maestro en los palacios que construyó.
 
Palacio Duques de Santoña en la Calle Huertas




Hospicio de Madrid

Entre los trabajos del «maestro mayor» del Ayuntamiento de Madrid, Pedro de Ribera, se encuentra el que originariamente fue el hospicio de San Fernando y hoy es la sede del Museo de Historia de Madrid, en la calle de Fuencarral. La fachada del edificio, construido entre 1720 y 1726, llama la atención por los almohadillados de granito de las ventanas y por los escudos sobre los balcones superiores, pero sobre todo destaca su portada barroca diseñada con forma de retablo, desbordante, profusamente decorada.

Hospital de San Carlos
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en la calle de Santa Isabel, ocupa las dependencias del antiguo Hospital de San Carlos, que Carlos III mandó construir para dar asistencia a los pobres. Aunque el proyecto inicial era mucho más amplio y ambicioso, sólo llegó a levantarse el edificio secundario que se ha conservado hasta nuestros días, el cual fue construido por Francisco Sabatini entre 1756 y 1781.


Jardines del Campo del Moro

Desconocido incluso para muchos madrileños, los jardines reales del Campo del Moro es un estupendo espacio de recreo situado bajo el Palacio Real, tras el gran desnivel que daba fortaleza defensiva a las antiguas murallas madrileñas. Es un lugar donde tomarse un descanso y disfrutar de la naturaleza. Para hacernos una idea del origen de su curioso nombre hay que saber que las primeras murallas de Madrid estaban donde hoy está el Palacio Real. En donde hoy está este campo se asentaron las fuerzas almorávides que querían conquistar Madrid en el año 1100. De aquel campamento surgió el nombre actual de Campo del Moro.


No suele ser muy visitado porque aunque está junto al Palacio Real y pertenece al Madrid de los Austrias sin embargo su acceso sólo se puede realizar por el Paseo Virgen del Puerto, metro Principe Pío. Por tanto queda algo retirado del típico paseo turístico.
Este parque fue adquirido por la Corona Española en tiempos de Felipe II y consiste en unas 20 hectareas de jardines. La entrada ofrece una vista agradable con dos fuentes, Fuente de las Conchas, diseñadas por Ventura Rodriguez.
Es posiblemente el jardín mejor cuidado de Madrid.

Templo de Debod


Se trata de un templo egipcio del siglo II a. d C instalado en el Parque del Cuartel de la Montaña, cerca de la Plaza de España. El templo fue donado a España por el gobierno egipcio para evitar que quedara inundado tras la construcción de la gran presa de Asuán.

La construcción del templo la inició a comienzos del siglo II a. C. el rey de Meroe Adijalamani, quien dedicó una capilla a los dioses Amón e Isis. La capilla está decorada con relieves. Posteriores reyes de la dinastía ptolemaica construyeron nuevas estancias alrededor del núcleo original. Tras la anexión de Egipto al Imperio Romano, los emperadores Augusto, Tiberio y, tal vez, Adriano, culminaron la construcción y decoración del edificio.
En el siglo VI, tras la conversión de Nubia al cristianismo, el templo fue cerrado y abandonado. Ya en el siglo XX debido a la construcción de la presa , el gobierno egipcio lo regaló a la ciudad de Madrid y fue transportado, reconstruido piedra a piedra y abierto al público en su actual ubicación en 1972. La reconstrucción que se hizo en Madrid mantuvo la orientación de su lugar de origen, es decir, de este a oeste. Para comprender el significado de la ubicación del edificio, sus motivos decorativos y conocer su historia, se exponen maquetas, vídeos y proyecciones audiovisuales sobre las paredes.


TRIÁNGULO DEL ARTE
En Madrid encontramos en poco espacio, tres de las mejores pinacotecas del mundo unidas por una de las principales avenidas de la ciudad: el Paseo del Prado. A lo largo del camino, se puede disfrutar de puntos tan emblemáticos como las fuentes de Cibeles y Neptuno, del siglo XVIII, el Real Jardín Botánico o el Observatorio Astronómico.

Museo Nacional del Prado
Edificio neoclásico diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva,alberga una de las colecciones de pintura más importantes del mundo, con lo mejor de las escuelas de pintura española, italiana y flamenca del período comprendido entre los siglos XII y XVIII. Brillan con luz propia cuadros como Las Meninas o La familia de Felipe IV de Velázquez, las Majas de Goya o el Jardín de las Delicias de El Bosco, además de obras de artistas de la talla de Tiziano, Rubens o El Greco. Desde su inauguración en noviembre de 1819, el Museo del Prado ha estado en constante crecimiento. Sin embargo, la mayor ampliación de su historia se llevó a cabo en 2007. En el nuevo edificio, diseñado por el prestigioso arquitecto español Rafael Moneo, destaca el uso del cristal para lograr una iluminación natural, y las monumentales puertas de bronce, obra de la escultora Cristina Iglesias.
En el Museo del Prado hemos seleccionado una serie de obras


Museo Thyssen-Bornemisza
Esta pinacoteca representa la transición idónea; un nexo entre las obras más clásicas del Museo del Prado, y las contemporáneas del Centro de Arte Reina Sofía. Es una de las colecciones privadas más valiosas del mundo. La necesidad de espacio para exhibir las adquisiciones motivó la construcción de un nuevo inmueble que mantiene la homogeneidad con el ya existente, el Palacio de Villahermosa. El recorrido arranca con la pintura occidental del siglo XIII y llega hasta las corrientes más destacadas de los siglos XIX y XX. En su fondo artístico sobresalen las obras de carácter impresionista, las vanguardias y el Pop Art de los años 60. En sus salas cuelgan cuadros de maestros como Monet, Van Gogh, Cezanne, Klee o Kandinsky, entre otros muchos.

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Vanguardista y a la última. Quizá sean los calificativos que mejor definen al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía . Es el espejo de las tendencias artísticas más innovadoras y un referente en cuanto a arte contemporáneo. En su interior también encontramos El Guernica, la universal obra de Pablo Picasso. Miró, Dalí, Tàpies, Juan Gris o Chillida, entre otros, contribuyen a la riqueza de fondos de este museo. En el aspecto arquitectónico, las instalaciones de su ampliación están firmadas por el famoso Jean Nouvel.

Aquí visitaremos El Guernica de Picasso , 1937.
Esta obra testimonia mejor que ninguna otra la participación apasionada de Picasso en el sufrimiento humano y su furibundo juicio moral sobre la violencia sanguinaria. La gran tela se inspiró en el trágico bombardeo, acaecido el 26 de abril de 1937, en la ciudad vasca de Guernica durante la Guerra civil española (1936-1939) obra de la aviación nazi-fascista. Se trató de una bombardeo aéreo durísimo, uno de los primeros de la Historia, en el que perecieron centenares deciviles mientras la ciudad fue devastada y en buena parte arrasada.




Entre tanto, en enero de aquel año, Picasso había recibido el encargo de realizar un gran mural para el pabellón español de la Muetra Internacional de París prevista para el verano. Hasta abril no había realizado nada pero la terrible noticia del episodio de Gernica , que estaba indignando a toda Europa, llevó aal artista a una elección muy fuerte, una posición de condena y de compromiso social que nunca se había visto en las obras de Picasso.

Como Goya en los Fusilamientos  del 3 de mayo de 1808, también Picasso se posiciona de parte de los oprimidos “por que ante un conflicto que pone en juego los más altos valores de la humanidad, los artistas no pueden quedar indiferentes.” Así, solo seis días después del bombardeo , Picasso comenzó a trabajar en el mural y , en apenas un mes y medio, empujado por un incredible furor creativo, realizó una cincuentena de esbozos y bosquejos.

La técnica utilizada por Picasso, óleo sobre lienzo, no es un trabajo en curso en cuanto que el pintor tenía un plazo de vencimiento que respetar y trabajó en modo febril completando  en dos meses la obra y terminándola el 4 de Julio de 1937. El trabajo está documentado por una serie excepcional de fotografías , sacadas por su compañera Dora Maar, que siguen todas las mutaciones del proyecto hasta la redacción final. Los elementos de la composición , intensamente dotados de valores simbólicos, son estudiados individualmente y luego ensamblados.
Se puede observar como en la primera escritura había un puño cerrado en alto, dirigido hacia el Sol, elementos que desaparecieron en la version final, quizás por que el gesto del puño contiede una connotacion política que el artista no quería dar:no es una lucha entre derechas e izquierdas, es algo más universal. Es el mal que el hombre que consigue hacer  a sus iguales, es el sueño de la razón que genera monstruos, por citar de Nuevo a Goya.

Picasso, al pintar cada figura, reinterpreta obras del pasado como El incendio del Borgo de Rafael, la Ttragedia de los Inocentes de Guido Reni y la ya citada Los fusilamientos de Goya. En la figura del caballo denunciaría incluso la memoria del “Triunfo dela muerte “ del Palcio Sclafani, hoy conservada en el palacio Abatellis en Palermo ( en 1917 el pintor ya había hecho un viaje a Italia pasando por esta ciudad y en una carta a Guttuso declaró haberse inspitado en el gran fresco siciliano)

Picasso no hacía nunca un misterio de sus multiples Fuentes de inspiración. Le encantaba decir “ A mí me gusta toda la pintura” y “Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban”. Son de hecho innumerables las obras  en las cuales el pintor reinterpreta sujetos de los artistas del pasado, para él el arte no envejecía jamás. Pero en El Guernica Picasso ha dejado un mensaje aún más preciso: es toda la cultura de Occidente la que está siendo violada en un acto brutal por la barbarie de la guerra.

El estilo puede ser definido todavía como cubista, por la visión simultánea de varias partes del objeto, si bien el cubismo no era un movimiento comprometido desde el punto de vista político. Los cuerpos están descompuestos, simplificados, el espacio se fragmenta con ellos.
El soldado caído, en particular, es una síntesis extrema de las formas humanas. (…)

Uno de los elementos lingüisticos más evidentes en el Guernica es la ausencia de color.

DÍA 3

VISITA A TOLEDO

Un poco de Historia
La primera mención escrita de Toledo es del año 192 a.C y ya  entonces parece ser una importante ciudad romana por estar en el camino de paso a la Bética. En época romana tuvo templos, teatros, anfiteatros y hasta un circo con capacidad para 13.000 espectadores.
Después de la época romana en el siglo V llegan los visigodos y establecen en Toledo la capital de su reino y también la sede del arzobispado.
Con la ocupación árabe, en 711, Toledo cae rápidamente bajo el dominio musulmán pero su población fue en su mayoría mozárabe . Con Al Hakam I ( principios S.X) la ciudad subleva, soobre todo su población muladí, pues muchos de los mozárabes se habían convertido al Islam. La sublevación se castigó con la decapitación de 5000 toledanos durante un banquete al que fueron invitados para tenderles una emboscada. Con Abd- al Rahman III la ciudad se somete completamente al dominio árabe.
Toledo fue ciudad de historiadores, médicos, matemáticos y astrónomos. Tuvo 12 mezquitas, numerosos baños y zocos. La Mezquita Mayor (situada en el solar de la actual catedral)
Aquí vivieron musulmanes, judíos y cristianos. En 1085 Alfonso VI e Castilla reconquista Toledo y la convirtió en la cuna de la tolerancia entre las tres culturas. Con Alfonso X El Sabio (siglo XIII) se establece la Escuela de Traductores convirtiéndose así en centro intelectual europeo.
En el siglo XIV comienzan las persecuciones de judíos conversos y con los Reyes Católicos  se expulsa a judíos y se siguen los procesos contra aquellos que decidieron convertirse al cristianismo. Toledo en esta época se engrandece aún más.
Con Carlos V en 1520 Toledo es una de las muchas ciudades que se sublevan contra el monarca.
A partir de Felipe II y del establecimiento de la capital en Madrid, Toledo se debilita . Durante los siglos XVII y XVIII las crisis, epidemias y la descomposición de la industria local (acerías) llevó a la ciudad a su declive.
Durante la Ilustración vio un pequeño resurgir , demasiado débil para compensar la influencia negativa de la Guerra de Sucesión y la de Independencia.
En la Guerra Civil fue escenario de encarnizados enfrentamientos entre republicanos y “nacionales”.
Desde la instauración  de la democracia pasó a convertirse en capital de Castilla La Mancha y desde 1986 es ciudad Patrimonio de la Humanidad

La ciudad nunca estuvo dividida de una manera clara por barrios de cada una de las religiones, pero sí existen zonas de una mayor influencia de cada una de ellas.

Toledo cristiano
Toledo fue cristiana desde el siglo IV, siendo parte del imperio de Roma, lo fue durante el reino visigodo (pugnando con la doctrina arriana) y pasó los siglos de convivencia entre las tres religiones, la musulmana, la judía y la católica, hasta la llegada de la Reconquista.
En el siglo XVII la entonces "ciudad convento" contaba con casi setenta edificios de usos eclesiásticos o afines como colegios, hospicios, hospitalitos, capillas.
Las iglesias de fundación más antigua como Santa Justa y Rufina, fueron remodeladas varias veces, según las necesidades y gustos de sus protectores. Después de las desamortizaciones decimonónicas, muchos de estos edificios pasaron a tener usos civiles, privados o administrativos.

Toledo árabe
La estructura urbana de Toledo es árabe, con sus calles estrechas y sinuosas, sus casas cuyos tejados casi se tocan, pero las ventanas nunca se miran de frente. Edificios que encierran a la vista pública sus joyas más preciadas, los patios llenos de verdor, azulejos y fuentes de agua. De la docena de mezquitas que existieron quedan dos, la del Cristo de la Luz, del año 999 y la de Tornerías, algo posterior.

La mezquita mayor estaba en el emplazamiento actual de la catedral, pero parece ser que no fue un edificio notable, sólo espacioso para poder acoger a todos los habitantes varones de la ciudad. Los barrios del sur, colindantes con el río, estaban ocupados por las tenerías, tintorerías y otras instalaciones relacionadas con el agua. Se supone que allí construyó su legendario reloj y calendario acuático el gran astrónomo Azarquiel.
Las puertas de Alfonso VI o Bisagra Vieja, la del Vado y la de Alcántara y de Doce Cantos tienen estructuras árabes. La noria en la orilla del Tajo, en el parque Safont, es herencia de las técnicas de regadío musulmanas. Pero sobre todo, la herencia más patente y omnipresente es la estética mudéjar en la arquitectura y decoración con el uso del ladrillo, la mampostería, los variados arcos entrelazados, las techumbres de madera y las ricas yeserías, utilizadas durante siglos en todo tipo de edificios, incluida la catedral.

Toledo judío
Las dos únicas sinagogas que permanecen en pie actualmente inducen a llamar el barrio donde se encuentran, la Judería, donde se supone hubo mayor concentración de la población hebrea, aunque en realidad en la ciudad llegó a haber un total de diez sinagogas repartidas por todo su emplazamiento.
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El comercio era una de las actividades principales de los judíos, que vivían encima de sus tiendas y talleres. No se puede descartar que no hubiera judíos en la calle de la Plata, pues eran reconocidos plateros, o en cualquier otra parte de la ciudad.

Monumentos

Catedral



Ocupa un lugar que parece ser siempre fuera sagrado, al ser el emplazamiento de la mezquita mayor, sustituyendo ésta la catedral visigoda, posiblemente levantada sobre otra anterior.

La construcción del actual edificio empezó  bajo el reinado de Fernando III el Santo. Se conocen los nombres de los primeros maestros de obra: Martín, a quien se deben las trazas de la planta al estilo gótico clásico francés y su sucesor Petrus Petri. La planta del templo es llamada de salón, por estar inscrita en el plano de un rectángulo. El alzado marca la cruz, creando una forma vertical triangular, ya que la nave central y el transepto tienen mucho mayor anchura y altura que las naves laterales, siendo las naves exteriores las más bajas.

Es muy interesante subir a alguna de las torres en Toledo que permiten descubrir .

La puerta más antigua del templo es la del transepto norte, inspirada a la correspondiente puerta de la catedral parisina de Notre Dame, dada la mucha importancia que el gótico francés otorgaba a estas entradas.
 El parteluz con la Virgen y el Niño introduce el tema de las escenas de la vida de Cristo, esculpidas sobre su tímpano. Es una especie de catecismo en piedra para los fieles del siglo XIII. Hay que leerlo de continuo empezando por el extremo inferior izquierdo, desde la Anunciación hasta el Juicio final y el Tránsito de la Virgen en lo alto.

Su actual cúpula de piedra es de principios del siglo XVII, cubriendo la capilla de Corpus Christi, destinada por mandato del cardenal Cisneros a la recuperación del rito mozárabe, sustituido por el católico, coincidiendo con la conquista cristiana de Toledo, 1085.

La torre, con sus noventa metros de altura, fue terminada con el último cuerpo octogonal, rematado con el alcuzón de pizarra y las tres coronas por el maestro Hanequin de Bruselas en el siglo XV.


El rico repertorio escultórico presente en cada rincón tiene funciones doctrinales y didácticas, además de las artísticas. El coro al exterior muestra numerosas escenas del antiguo testamento, y la Capilla Mayor del Nuevo.

El coro catedralicio de Toledo es un rectángulo de tres lados y con dos filas de sillas situadas a diferente altura; la primera destinada a beneficiados y cantores, es la del siglo XV, realizada por Rodrigo Alemán. Para acceder a la silería alta hay accesos distribuidos de la siguiente manera: uno en el fondo, que da paso directo a la silla del arzobispo; dos situados en el centro de los laterales; más otros dos cercanos a la verja. Los respaldos de la sillería baja son siempre pequeños porque sirven de atriles a la sillería alta, es decir, en el coro todo se ajusta a su propia funcionalidad. En la sillería alta, ejecutada por Felipe Vigarny y Alonso Berruguete en el XVI, es donde se da con mayor fuerza la expresión simbólica.

También es muy importante el conjunto de pinturas, sobre todo la excelente colección conservada en la Sacristía, que cuenta con El Expolio y el Apostolado de El Greco, cuadros de Caravaggio, Ticiano, Van Dyck, Goya, Morales, Rubens, Bassano y muchos más. Cabe mencionar aparte a Juan de Borgoña y a Lucas Giordano, ya que sus pinturas más destacadas son los frescos que revisten las paredes de la Sala Capitular, en el caso del primero, y el techo de la Sacristía, del segundo.

San Juan de los Reyes
El monasterio de San Juan de los Reyes fue mandado construir por los Reyes Católicos en la ciudad de Toledo,  en acción de gracias por la victoria en la batalla de Toro de 1476. En ella quedó zanjada definitivamente la guerra por la sucesión al trono a favor de la princesa Isabel, hermana del rey difunto Enrique IV, ya casada con Fernando frente a los partidarios de Juana la hija del matrimonio ilegítimo del rey, su sobrina. Isabel defendió hasta el final su derecho al trono por cuestiones de legitimidad y conveniencia para Castilla.

El cronista de la Orden, Fray Pedro Salazar nos dirá un siglo después que  fundaron los reyes el templo “también porque le avia nacido el Príncipe, a quien llamaron don Juan.


Lo traza y levanta la cabecera de la iglesia y el crucero Juan Guas, el primero en ostentar el título de arquitecto real. Por toda la fachada corre el cordón franciscano de la orden que ocupa el edificio. La cabecera es poligonal con contrafuertes coronados por agujas o pináculos, decorados con reyes de armas, heraldos a tamaño natural, que lucen en sus vestimentas los escudos de los Reyes Católicos. El cimborrio sobre el crucero es octogonal, coronado con crestería y decorado con más pináculos góticos. Sobre la portada lateral hay un singular Calvario, donde está presente la Virgen y San Juan, pero no Cristo. Éste está simbolizado por el pelícano que se posa sobre la cruz, acorde con la creencia medieval que el ave era capaz de alimentar a sus hijos con su propia sangre, siendo una especie de prefiguración de la Eucaristía.

La iglesia tiene planta de salón con un espacioso crucero para albergar los futuros túmulos funerarios. La cabecera es poligonal, conformando un verdadero tapiz escultórico de resonancia mudéjar. Se cubre con una bóveda de estrellas de ocho puntas y se apoya sobre trompas. En el crucero en la nave se observa también la decoración epigráfica, también de la tradición mudéjar, aludiendo estos letreros a la conquista de Granada. La entrada estaba pensada por el extremo de los pies de la iglesia con el coro alto, conduciendo la nave al altar mayor, según va creciendo la iluminación de los espacios. Los repetidos escudos reales en la capilla mayor fueron realizados antes de 1492, ya que no aparece en ellos el fruto de la granada, símbolo del reino entonces conquistado. Toda la decoración es repetitiva y destinada a subrayar la magnificencia de los reyes. Isabel es simbolizada por haces de flechas que representan la unión de fuerzas y por la "Y" inicial de su nombre, en la grafía de la época.

Fernando está simbolizado por la "F" y por el yugo con el lema "tanto monta. Aquí indica la primacía de la razón de Estado sobre otras consideraciones, propia del pensamiento de Maquiavelo. No es casual que los símbolos de cada uno de los consortes empiecen con la inicial del nombre del otro.

Otro espacio clave es el claustro cuadrado y de doble piso, una de las obras maestras del gótico final, dentro de la estética hispano flamenca, que combina elementos góticos y mudéjares, muy propia de Juan Guas. La longitud de sus lados con cinco vanos es justo la mitad de la nave de la iglesia. El claustro bajo se cubre con bóveda de crucería de tipo alemán, sin que los nervios se junten en el centro, por lo tanto, sin clave.

El claustro superior presenta un artesonado de madera con la típica lacería mudéjar. Las columnas, arcos y pilastras están recubiertos por motivos vegetales y animales, muchos de ellos también provistos de carga simbólica. Entre ellos aparecen figuras humanas, aisladas o formando escenas, como un niño apuñalando un águila, un mono jinete en un perro tocando la flauta, otro sentado sobre un orinal y muchas más, propias del repertorio del gusto gótico. Aunque algunos pueden proceder de la restauración del siglo XIX. Por todo el claustro están repartidas esculturas de personajes bíblicos sobre peanas y bajo doseletes. La escalera que conduce al claustro alto presenta ya motivos renacentistas, una bóveda de media naranja, máscaras, veneras, casetones, muestras del quehacer de Alonso de Covarrubias.

Llaman la atención las cadenas colgadas en los muros exteriores de la iglesia. Corresponden a los cautivos liberados en la larga campaña de Granada y se colgaron en 1494, como exvoto y símbolo del triunfo de la fe cristiana. Completan bien la intencionada decoración del edificio.

La mezquita de Bab al Mardum
Situada junto a una de las puertas del recinto amurallado es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura hispano-musulmana y mudéjar en España. Pequeño como las joyas, este valioso edificio milenario, supone un ejemplo único de la pervivencia del arte de Al-Ándalus: una mezquita o pequeño oratorio de época califal a la que dos siglos después, al ser transformada en iglesia se va a añadir un ábside siguiendo el estilo del edificio primitivo dando lugar al arte mudéjar, en perfecta combinación y simbiosis.

Un encargo suntuoso
La inscripción descubierta en 1899 permitió fechar el edificio en el año 999 de nuestra era y vincularlo a la prestigiosa familia de los Banū l-Hadīdī:
“Basmala. Hizo levantar esta mezquita Ahmad ibn Hadidi, de su peculio, solicitando la recompensa ultraterrena de Allah por ello y se terminó, con el auxilio de Allah, bajo la dirección de Musa ibn Ali, el arquitecto, y de Saada, concluyéndose en Muharraq del año trescientos noventa” (Inscripción fundacional, 13 de diciembre del año 999/11 de enero del año 1000).

Aún así, desconocemos si la mezquita tuvo condición de lugar privado vinculado a la residencia de la familia, o bien fue erigida como fundación piadosa para todo el pueblo.

Se levantó en un barrio importante en el que se han localizado casas-palacio de personajes ilustres, por su proximidad a la Alcazaba, denominada Al Hizam o Ceñidor, junto a una de las principales vías de acceso a la medina o ciudad y frente a una de sus puertas. El edificio original fue sobresaliente por su gran suntuosidad, al estar originalmente exento y elevado con respecto a la cota de la calle, con una pequeña plaza en su lado norte desde la que se accedía por una escalinata.




Una copia en miniatura de la mezquita de Córdoba
Sus elementos constructivos y decorativos, como bóvedas, arcos de herradura con peralte, dovelaje, arquerías, cimacios de planta cruciforme…, tienen una inspiración clara en la Mezquita de Córdoba, y especialmente en la ampliación de la sala de oración ordenada por el califa Al-Hakam II, tan solo 30 años antes. Las bóvedas son réplicas fragmentadas o completas de las bovedillas trazadas en la capital de Al-Ándalus. Sin embargo aquella se construyó en piedra y en ésta, los muros se construyen en ladrillo con mortero de cal, las fachadas con mampostería encintada y el muro de quibla, al sureste y el muro suroeste reutiliza la sillería.

La planta con esquema en T
Su planta es prácticamente cuadrada de pequeñas dimensiones, alrededor de los 8 metros cuadrados, distribuida mediante cuatro columnas en 3 naves paralelas cruzadas por otras 3 naves en sentido transversal, quedando el espacio dividido en 9 tramos cuadrados, cubiertos con bóvedas totalmente distintas. Las columnas son reaprovechadas, sin basa y con capiteles visigodos de labra tosca en tres de ellas, y el cuarto, reconstruido tras la restauración de 1909, como bien recuerda la fecha inscrita en él. Sobre ellos, los cimacios cruciformes distribuyen arcos de herradura en todas las direcciones. Un segundo cuerpo contiene paramentos horadados por vanos adecuados en torno a los ejes del edificio: un eje longitudinal en la nave central y otro transversal paralelo al muro de la quibla situado en el lienzo sureste.


Fachadas dibujadas en ladrillo
La fachada de la calle del Cristo de la Luz que es la que ostenta la inscripción, está formada por tres arcos: de medio punto el central, pentalobulado el izquierdo, y de herradura prolongada el derecho. Según los arqueólogos en origen nunca fueron puertas sino ventanas de la fachada lateral. Por encima, un segundo cuerpo con arcos de herradura ciegos entrecruzados, y sobre ellos, una franja calada de ladrillos formando una red de rombos, enmarcada por ladrillos en esquina que sirve de base a la inscripción en letra cúfica.

La que fuera fachada principal, hoy al noroeste tiene tres arcos de herradura prolongada, cobijados por tres arcos de medio punto enmarcados con cintas de ladrillo, en referencia a las múltiples y dobles arquerías de la Mezquita de Córdoba. En el tercer cuerpo una franja de arcos de herradura ciegos bajo arcos trilobulados es coronada por una doble franja de ladrillos en esquina.

Sinagoga de Santa María la Blanca

Construida en el siglo XIII, guarda las características del mudéjar toledano, fue levantada como sinagoga hasta que en el siglo XV se transforma en una iglesia. Tiene la planta de salón de cinco naves paralelas con alturas progresivamente decrecientes hacia el exterior y apoyadas en arquerías de herradura sobre pilares octogonales. Todo ello de ladrillo convenientemente enfoscado y blanqueado, con capiteles de artística yesería.


En los muros, albanegas, arquerías ciegas y frisos; pueden admirarse delicados atauriques de influencia andaluza, algo más modernos y originalmente policromados. En el siglo XVI se convierte en beaterio y el cardenal Silíceo encomienda al arquitecto Alonso Covarrubias la realización de las tres capillas en la cabecera, coronada la central con una bóveda de media naranja sobre trompas y las otras se cubren con cuartos de esfera sobre pechinas.

EL GRECO

Ya Goya y, después de éste, Picasso y otros autores, verían en el Greco al primer impresionista.

Efectos tan sorprendentes como el claro reflejo del rostro de San Esteban en la armadura del Señor de Orgaz, no son sino borrones cuanto más de cerca se observan. Doménikos estudió pintura en Creta, su isla natal, convirtiéndose en pintor de iconos.
Algunas reminiscencias de ese estilo son evidentes en sus trabajos posteriores. Trabajó en Venecia, en el taller de Tiziano, y en Roma, estudiando las obras de Miguel Ángel. Finalmente se establece en Toledo en 1577. Su vida, llena de orgullo e independencia, siempre tendió al afianzamiento de su particular y extraño estilo, evitando cuidadosamente las imitaciones. Un contemporáneo lo definió como un "hombre de hábitos e ideas excéntricos, tremenda determinación, extraordinaria reticencia y extrema devoción".


El entierro del Señor de Orgaz de El Greco en la Capilla de San Tomé



DON GONZALO RUIZ DE TOLEDO

Don Gonzalo Ruiz de Toledo, fue un piadoso noble del siglo XIV, que quiso dejar testimonio de su fe de muy diversas maneras. Entre estas se hallaban ciertas disposiciones testamentarias a favor de esta parroquia de Santo Tomás Apóstol, lugar escogido para su eterno descanso.
En 1564 se realiza una inscripción que recogía  el relato del milagro acaecido durante las exequias de D. Gonzalo, en las que bajaron del cielo San Agustín y San Esteban para enterrarlo, mientras se oía una voz que decía: “tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve”

De este modo el Señor de Orgaz tenía el honor de ser depositado en su tumba por aquellos dos santos como premio a la ejemplaridad de su vida de fe. El milagro fue oficialmente reconocido en 1583, y el párroco D. Andrés quiso dejar testimonio imperecedero encargando un lienzo que presidiera la recién remodelada capilla del señor de Orgaz. Para esto se sirvió del mejor pintor que por aquel entonces había en la ciudad: Doménikos Theotokópoulos, más conocido por sus conciudadanos con el sobrenombre de El Greco.



EL CUADRO

El cretense se servirá de su vasto conocimiento de la tradición iconográfica oriental para transmitir su propia visión sobre los grandes temas que integran el cuadro. El arte al servicio de un genio; un genio al servicio de la fe.

Este cuadro representa las dos dimensiones de la existencia humana: abajo la Tierra, la muerte, arriba el Cielo, la vida eterna.

El Greco se lució plasmando en el cuadro lo que constituye el horizonte cristiano de la vida tras la muerte, iluminada por Jesucristo. Son dos mundos claramente diferenciados por el estilo y el uso de la luz y el color.

La luminosidad representada en la parte superior del cuadro refleja una clara influencia de la escuela veneciana en la pintura del Greco. Esta luminosidad contraste especialmente con la mitad inferior del cuadro; mitad que representa lo terrenal. El Cielo, pintado al estilo de la tradición iconográfica oriental, se presenta lleno de la luz que mana de la figura central: Jesucristo. La Virgen María a su derecha y San Juan Bautista a su izquierda aparecen dentro del triángulo de luz que irradia, mientras que el resto de los personajes representados en la esfera celestial estarán más iluminados en la medida en que se sitúen más cerca de Jesucristo.

Encontramos aquí también una gran abundancia de tonalidades: azules, rojos, verdes, ocres.... Por el contrario, en la esfera terrestre hay una ausencia casi total de luz; un mundo oscuro sólo iluminado por las seis teas enarboladas por algunos de los personajes asistentes al entierro. Del mismo modo destaca la ausencia del color que queda ceñido casi exclusivamente al uso de negros y grises.

Sólo existe una nota discordante respecto a todo lo descrito: las dos figuras que sostienen al difunto: San Esteban y San Agustin, vestidos con dalmática en dorado y rojo (símbolo del martirio) y mitra y casulla doradas, respectivamente. Con este modo de iluminar la escena, El Greco consigue no sólo hacernos ver las diferencias entre un mundo y otro, diferencias sólo salvables por medio de la Cruz, único camino de unión entre ambos como representa la cruz que está a la derecha, sino llamar nuestra atención principalmente hacia el Cielo y no hacia la Tierra, según el pensamiento cristiano en el que la meta es Cristo.

La muerte

A medio camino entre el Cielo y la Tierra encontramos a un ángel que transporta en sus manos una especie de feto o crisalida, símbolo del alma del Señor de Orgaz. Y que está entrando a través de unas nubes que asemejan un útero materno. De este modo la muerte se nos presenta no como un final sino como un principio, un nacimiento a la vida eterna. La muerte es un parto a la otra vida.
El Greco eligió el estilo de la escuela flamenca, muy sobrio y realista, para transmitir el espíritu religioso de la época en la parte terrenal del cuadro. A través de los rostros de los personajes, todos ellos nobles contemporáneos suyos, el Greco representa de diversa forma la actitud del hombre hacia la muerte: unos meditando, otros llorando, otros comentando entre sí el acontecimiento. Finalmente otros se dan cuenta del milagro, cuando sube el cuerpo a la Gloria.
Hay un especial esmero por representar a estos personajes siempre con la indumentaria de la época y ésta siempre representando el rango social de cada personaje. Así, el señor de Orgaz está ataviado con armadura de caballero castellano. Al igual, la nobleza y el clero según su época.

En la casulla de San Esteban se pueden apreciar las influencias de pintores como Tiziano, en la pincelada suelta y el color rojo. En otros detalles de la casulla, como la representación del martirio, se aprecian influencias de los estudios de anatomía de Miguel Ángel.

Día 4

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es el monumento que mejor resume las aspiraciones ideológicas y culturales del “Siglo de Oro” español, expresadas aquí mediante una síntesis original de formas artísticas italianas y flamencas por impulso de Felipe II.
Agrupando en un edificio varias funciones, San Lorenzo el Real nace como un monasterio de monjes de la orden de San Jerónimo, cuya iglesia sirviese como panteón del Emperador Carlos V y de su mujer, así como de su hijo Felipe II, sus familiares y sucesores, y donde los frailes orasen ininterrumpidamente por la salvación de las personas reales. Asimismo, cuenta con un palacio para alojar al rey, como patrono de la fundación, y a su séquito. El colegio y el seminario completan la función religiosa del Monasterio, y la Biblioteca se establece para estos tres centros. Este esquema se mantiene, en cierto modo, en la actualidad. La figura de Carlos V es decisiva en la fundación de este Real Sitio por lo mucho que influyó en el espíritu de su hijo, por el ejemplo de sus últimos años pasados entre los monjes jerónimos de Yuste y por la necesidad de dotarle de una digna sepultura.
Una vez decidido a fundar el Monasterio, Felipe II comenzó en 1558 a buscar su emplazamiento, que quedó fijado a finales de 1562, comenzándose la obra según el proyecto o “traza universal” de Juan Bautista de Toledo. En 1571 la parte del convento estaba ya más o menos concluida; en 1572 se comenzó la “casa del rey” y en 1574 la Basílica, finalizada en 1586 y consagrada en 1595, fecha que puede considerarse la del final de la Obra, aunque la última piedra se colocase en 1584 y la tarea decorativa se prolongase algunos años. El rey supervisó con cuidado toda la construcción. No puede considerarse desde luego obra de un arquitecto, sino fruto de una compleja colaboración en la que destacan dos proyectistas, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Al primero, que había trabajado en el Vaticano como ayudante de Miguel Ángel, le corresponde la disposición de la planta general y la mayor parte de las trazas. Durante el periodo en el que el segundo dirigió las obras se edificó la mayor parte del conjunto, y en ello bastantes partes que no habían sido diseñadas por Toledo. Teniendo en cuenta las numerosas consultas a otros arquitectos italianos y españoles para llegar a las síntesis finales, hay que considerar que la obra de El Escorial es una emanación particularísima del carácter de Felipe II.
Esenciales en el conjunto de El Escorial son la Biblioteca Real y los panteones: el de reyes y el de infantes.
Felipe II vivía en San Lorenzo de Semana Santa a otoño, sobre todo al final de su vida; sus sucesores pasaban aquí por lo general dos o tres semanas en noviembre. Fue Felipe V quien estableció la costumbre de pasar aquí todo el otoño hasta principios de diciembre, y esa regla fue seguida por el resto de los Borbones hasta Isabel II.
El Monasterio quedaba aislado en medio del campo, con sólo unos edificios de servicio para el palacio y el monasterio: las dos casas de oficios y la Compaña. Pero Carlos III ordenó la creación de una pequeña ciudad cortesana cuyo arquitecto fue Juan de Villanueva, quien asimiló a su formación clasicista italiana el espíritu nacionalista que El Escorial adquirió para la cultura de la Ilustración española. Destacan entre sus obras la Casa de Infantes y la del Ministro de Estado.
Jardines del monasterio y de las casitas
Dos lados del Monasterio –Norte y Oeste- están flanqueados por la Lonja, y los otros dos por los jardines en terraza, a la italiana, con trazados rectilíneos de boj podado en recuadros. A lo largo de la fachada sur y parte de la oriental se extiende, bajo las ventanas de las celdas monásticas, el jardín de los frailes. Más allá de éste, en un nivel inferior, se encuentra la huerta que también estaba organizada mediante calles rectilíneas.
La terraza al Este del edificio está ocupada por otros jardines cerrados, similares en todo al de los frailes pero separados de éste por muros con hornacinas puesto que estaban destinados a las personas reales, ya que rodean la Casa del rey y amenizan la vista desde las ventanas de palacio.